Que ilusas las calles al pensar que con sus desagües la lluvia no las inundará y cubrirá de esquina a esquina, sin dejar paso si quiera a quienes caminan.
Que tonta la luz que se deja atrapar en pequeños focos de cristal, sabiendo que tiene el poder suficiente para iluminar un inmenso mar.
Y por último QUE ESTÚPIDA, yo, al pensar que podría confiar una vez más, al creer que mi corazón podria aprender a amar, que mis manos sabían de cariño, comprensión y ternura, que ilusa... si yo bien sabia que solo saben cargar con esta estúpida armadura, que al día de hoy se forjó en mi piel, ya no es un accesorio, ya no es algo que me saco y me pongo, no es un escudo, no es un adorno, es parte de mi, yo ya no soy lo que fui, y ahora soy todo eso que él odia de mí.
Que estúpido que es él, por creer en mi...
Que estúpida que soy yo, por creer que alguien se podría enamorar de mi.
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